Algunas cuestiones en relación con la incidencia de la operación «Oikos» en los clubes

El pasado martes, en el marco de una operación policial en la que se investigaban unos supuestos amaños de partidos, se produjo una cascada de detenciones que sobresaltó, no sólo a la gran familia del fútbol, sino a toda la sociedad. Y es que, en un sector tan permanentemente expuesto al escrutinio público, el efecto mariposa generado por un suceso de esta índole supuso un fuerte impacto que se dejó notar tanto en su armazón interno, como en su entorno más inmediato.

Al margen de las responsabilidades penales y las sanciones disciplinarias en que hubieren incurrido las personas físicas y jurídicas implicadas, a las que le asiste, como está constitucionalmente reconocido, el derecho a la presunción de inocencia, cabe hacer dos consideraciones que, en orden a la relevancia que para los clubes pueden suponer acontecimientos de esta naturaleza, surgen a vuelapluma.

Una, es la relativa a la efectividad de los programas de cumplimiento. Esta medida de vigilancia y control contemplada por el Código Penal y cuya probada existencia eximiría de responsabilidad a la persona jurídica, se ha convertido en una de las herramientas que, desde organismos como LaLiga, se han fomentado entre los clubes de cara a preservar la integridad de la competición y la evitación de riesgos. La implementación de estas políticas de prevención y control va más allá del estricto cumplimiento de la legalidad y entronca con la dimensión ética y la adopción de prácticas de buen gobierno y responsabilidad social. Sin ánimo de entrar en disquisiciones acerca de lo sucedido en el caso concreto que, por otro lado, en este momento desconocemos, lo cierto es que hasta la fecha estos sistemas se han mostrado eficaces, sin perjuicio de su posible mejora en el iter en busca de la excelencia. Dichos programas deberán verse complementados por canales de denuncia de fácil uso, que garanticen la confidencialidad y eviten la victimización del whistleblower lo que, unido a los protocolos de alerta y monitorización puestos en práctica en colaboración con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, hace que, pese a que sea una cuestión harto complicada la de erradicar totalmente estas conductas, ya que entraríamos en el campo de lo individual, sí al menos faciliten su detección y, en su caso, neutralización, sobre todo en relación con los amaños que adulteran el campeonato, convertidos en una de las lacras que acechan al deporte, amplificadas por la proliferación de las apuestas on line.

La segunda reflexión es que, además de las consecuencias jurídicas, estos hechos pueden ocasionar otro tipo de efectos, en este caso, de carácter intangible, pues no se puede obviar que lo acaecido afecta negativamente a la reputación corporativa de los clubes y, por ende, a la ciudadanía a la que representan. Resulta indiscutible el papel protagonista que estas entidades desempeñan en las sociedades modernas, al contar con un core identitario que se asienta sobre el enorme capital emocional generado a su alrededor, así como la vinculación que mantienen con la historia o el prestigio del territorio en el que radican, al que aportan progreso económico y social y sobre el que proyectan los valores positivos inherentes al deporte, por lo que deben ser conscientes de su huella. El fútbol es un fenómeno colectivo que forja una férrea seña de identidad que difícilmente se alcanza en otros ámbitos, por eso, en última instancia es la nombradía común la que está en juego. Ese «oikos» o casa –grupal, en este caso– en el que tantas personas se ven reflejadas, es la que resulta directamente golpeada por esta clase de actuaciones. Estaremos de acuerdo en que la ética no se circunscribe al ámbito de lo individual, sino que también se proyecta al contexto organizativo, de modo que las personas jurídicas cuentan con la suya propia. Sin embargo, también convendremos en que esa deontología institucional se sustenta sobre la de cada uno de sus integrantes, uno de los motivos por los que resulta tan difícil evitar estos comportamientos. Se puede afirmar que un posicionamiento de los clubes, sobre todo, por parte de sus órganos de gobierno y administración, que son quienes de una manera transversal deben transmitir una cultura corporativa basada en la ética y la transparencia a toda la estructura, es fundamental en la lucha contra la corrupción en el deporte, mediante una actitud enérgica y firme que les desvincule de este tipo de acciones que pueden perjudicar a su reputación que, no olvidemos, es también la de toda una comunidad.

© AEDD 2018

Raúl López Martínez
Universidad Nacional de Educación a Distancia

 

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