La tanda de penaltis: de ABAB a ABBA

Las tandas de penaltis constituyen en la actualidad el mecanismo para dilucidar un empate en un partido de fútbol clasificatorio. Como tal, no es un elemento necesario del juego, sino que su introducción viene motivada por un propósito principalmente pragmático: resolver un empate. Así ocurre en campeonatos de UEFA como la Champions League, o de la FIFA como la Copa del Mundo. Desde su implantación son varias las tandas de penaltis que han resuelto partidos y trofeos de la máxima importancia.

La tanda de penaltis se basa en un dispositivo o mecanismo idéntico al penalti, salvo que aquí se trata de una serie de cinco lanzamientos alternos por parte de un jugador de cada equipo desde un punto situado a once metros de la línea de portería en la cual solo se sitúa el portero. Pero en su esencia, no hay diferencias sustantivas entre la tanda y el penalti: el procedimiento y el objetivo es el mismo. Pero la tanda no es propiamente un penalti. Este último es un dispositivo del juego al que se recurre tras la comisión previa de una de las diversas infracciones previstas reglamentariamente. Es, dicho rápidamente, una sanción por una falta previa. En cambio, la denominada «tanda de penaltis» es un recurso para dirimir un empate, y no presupone de ninguna manera la existencia de una infracción previa. No es un castigo. Sería de hecho, recomendable encontrar una denominación para tal dispositivo que no incluyera el término «penalti» como sucede en inglés con el término «shoot-out».

Su sentido dramático no reside en la decisión deliberada de los implicados, sino en ser un mecanismo aleatorio de distribución de bienes: derrota o victoria, cielo o infierno, gloria u olvido. Es azar, es suerte, es aleatoriedad, es lotería. Es un dispositivo inmisericorde e irracional. La arbitrariedad en la que se basa genera desprecio para algunos por ser contrario a la idea de cómo se debería decidir el merecido vencedor de una contienda deportiva. Pero a su vez, la aleatoriedad despierta una irresistible atracción en el aficionado, una adoración secreta. Si el atractivo del fútbol se basa en la incertidumbre, en la emoción, entonces no hay elemento más dramático e impredecible que la tanda de penaltis. Ahí radica la paradoja de su encanto.

A pesar de ese atractivo dramático, la tanda de penaltis es vista por muchos como un procedimiento injusto (y poco deportivo) para resolver una competición deportiva. Pueden citarse distintos jugadores y entrenadores que han manifestado su rechazo a la tanda de penaltis. Así por ejemplo, Christian Karembeau tras la tanda de penaltis entre Francia y Portugal en los cuartos de final de la Eurocopa de 1996 y a pesar de que ganó Francia, afirmó: «Es cargar una bala en la cámara de una pistola y apretar el gatillo. Alguien recibirá la bala, lo sabes. ¿Justo? Justicia no es la cuestión». Por otro lado, se han utilizado diversas comparaciones para desacreditar la tanda de penaltis como método de solución de un empate. Seedorf la comparó con una ruleta rusa, Jack Stein con un circo y Alex Smith con una atracción de feria. En definitiva, como apunta Simon Barnes, «los penaltis no son fútbol. Ni siquiera son un buen drama. Son un melodrama barato. El melodrama está basado en una exageración ridícula. El melodrama es mal arte como los penaltis son mal deporte». Que jugadores de la talla de Maradona, Messi o Baggio que son capaces de marcar un gol desde más de treinta metros y con una barrera de jugadores por delante de la portería hayan fallado repetidos penaltis abonaría esta tesis de que poco tiene que ver la tanda de penaltis con habilidades técnicas.

Esta interpretación de la tanda de penaltis como un procedimiento injusto para dirimir un empate había descansado durante el siglo XX en las intuiciones de los entrenadores, jugadores y aficionados. Sin embargo, durante los primeros años del siglo XX, los economistas han aportado datos que confirman esa visión. El economista I. Palacios-Huerta, ha llegado a la conclusión, tras estudiar miles de lanzamientos, que el equipo que lanza primero en la tanda tiene una probabilidad de más del 60% de ganarla. Por lo tanto, si esto así, los detractores de la tanda de penaltis tendrían parte de razón, pues un factor aleatorio como es el lanzamiento de la moneda al aire sería determinante para decidir el ganador de una tanda. Habría un elemento estructuralmente injusto en la tanda de penaltis. En lugar del mérito basado en las habilidades, sería el azar de la moneda la variable quien determinará el éxito deportivo, y en este sentido, sería más parecida a la atracción de feria con la que Alex Smith comparaba la tanda de penaltis.

Por esta razón, el propio Palacios-Huerta ha sugerido cambiar el orden de lanzamiento de penaltis en la tanda con el propósito de minimizar ese factor injusto de la moneda. En este sentido, describe el orden actual de lanzamientos como ABAB, en el que A simboliza al primer equipo lanzador y B, al segundo. Y propone cambiarlo por el orden ABBA, un sistema que ya es utilizado en el tenis cuando se produce el tie break, siendo muy sencilla la razón para ello: parece producir unas probabilidades de ganar la tanda de 50% para cada equipo. A estos efectos, la UEFA implantó en 2017 el sistema en el Europeo sub-17 (femenino y masculino), que también se probó en la final la Community Shield (copa que disputan el ganador de la Premier League y la FA Cup).

Sin embargo, y contra todas las expectativas, en marzo de 2019 la Circular número 15 de la International Football Association Board –donde se recogen las decisiones adoptadas en la 133.ª Asamblea General Anual– establece lo siguiente: las pruebas con el lanzamiento de la tanda de penaltis en orden alternativo, conocido como «ABBA» no han tenido éxito, por atentar contra la sencillez propia del fútbol, y por ese motivo no se va a modificar el formato tradicional «ABAB».

Es curioso que el argumento aportado por la IFAB no niega la mayor justicia que aporta el sistema ABBA, sino «atentar contra la sencillez propia del fútbol». Pero, ¿en qué sentido la aplicación de este sistema convierte al fútbol en una disciplina «menos sencilla» que el tenis? ¿Cuánto tiempo tardarán los aficionados al fútbol en entender ese nuevo orden de lanzamiento? ¿O es que acaso tienen algún déficit de comprensión superior al de los aficionados al tenis? Si es este el argumento para retrasar la implantación del orden ABBA, creo que no tardaremos en verlo funcionar, más allá de este rechazo provisional por parte de la IFAB.

 

© AEDD 2019

 

José Luis Pérez Triviño
Profesor Titular de Filosofía del Derecho (Acreditado como Catedrático)

 

 

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