Asociacionismo deportivo en riesgo

La célula de la estructura asociativa del deporte es el club, que ha sido creado con el fin de promover la actividad física y deportiva, y que constituye una vía de acceso a la práctica deportiva, pero que no recibe el respaldo y apoyo necesario para cumplir su cometido en la sociedad actual. La mayor parte de clubes carecen de instalaciones propias.

Por ello, dependen de la cesión de espacios deportivos de titularidad pública. A esta circunstancia puede añadirse una economía de subsistencia, un funcionamiento basado en el voluntariado, una carencia de las herramientas mínimas de gestión, una sumisión a la subvención pública que suele llegar con retraso, y así podríamos continuar enumerando muchas más debilidades que, salvo excepciones y con algunas matizaciones según la modalidad deportiva, caracterizan el perfil medio del club.

Es cierto, por otro lado, que el club deportivo ya no representa la única vía para acceder al deporte, debido a la evolución del sistema deportivo que ha generado dos sectores poderosos como son las administraciones deportivas, en especial, los municipios que son propietarios del porcentaje mayoritario de instalaciones existentes y las empresas de servicios deportivos que, además de gestionar infraestructura pública, han empezado a construir sus propios centros con una oferta deportiva diversificada y de calidad. 

La reflexión ante este panorama es preguntarse si el club debe reducirse a una mera función de vehículo del deporte de rendimiento y base del deporte de alto nivel o debería tener un papel de estructuración organizativa de la sociedad civil del deporte. 

Considerando que ambos fines son compatibles, es necesario y urgente que se planifique una política deportiva municipal, con el respaldo de Comunidades Autónomas y Consejo Superior de Deportes, en el marco de un Plan Integral de Impulso y Consolidación del Tejido Asociativo del Deporte. De lo contrario, el club deportivo entrará en una situación de grave riesgo al no poder realizar su tarea social y deportiva, que determinará una orientación principal hacia un deporte de consumo (hacer deporte) y un deporte de alto nivel (ver deporte). Otra política deportiva es posible si se quiere salvar el llamado Tercer Sector del Deporte, con el fin de que pueda prestar servicios deportivos de calidad y sea un medio de participación ciudadana en la gestión deportiva.


Eduardo Blanco Pereira

Presidente de la Federación de Asociaciones de Gestores del Deporte de España


(Publicado en www.munideporte.com)

 

Descarga aquí el PDF con el comentario.

 

Anterior El agente del deportista: su régimen federativo
Siguiente La experiencia práctica de la Federación de golf de Madrid en la aplicación de medidas educativas a menores sustitutivas de las sanciones disciplinarias

Utilizamos cookies propias y de terceros para Localización de navegación, registro y control, visitas y estadisticas e identificación.

Al pulsar el botón "Acepto" consiente dichas cookies. Puede obtener más información, o bien conocer cómo cambiar la configuración, pulsando en Saber más

Acepto