Las normas Fifa ¿protegen al menor deportista o truncan su sueño de ser deportista?

I. INTRODUCCIÓN
 

La norma FIFA de protección del menor suele generar dos posturas opuestas.

La que considera que el menor deportista, venga de un país extranjero o de una situación humilde en el propio país, es un afortunado porque tiene la oportunidad de estar en un club que le ofrece la posibilidad de triunfar en el mundo del fútbol y darle aquello que su familia no le puede proporcionar.

La otra, es que los clubes, agentes y personas implicadas en la carrera deportiva del menor lo único que quieren es buscar a una estrella del fútbol o baloncesto, y ello conlleva el explotarlos, usarlos y, si no valen, devolverlos.

Más allá de estas dos posturas y del alcance de la normativa FIFA, es necesario hacer un análisis, debate, reflexión de la situación y buscar soluciones, poniendo el foco en el desarrollo integral del menor.

Para lograrlo debemos trabajar para encontrar un equilibrio entre los intereses económicos de los clubes, los agentes que forman parte del negocio que supone el deporte y los intereses del menor deportista.

Centro este artículo en el ámbito del fútbol, por ser la disciplina que más visibilidad da al tema que nos ocupa, pero no debemos olvidar que las mismas situaciones se dan en otras disciplinas deportivas.

El menor de edad y deportista es una figura de vital relevancia en el ámbito del deporte profesional, especialmente el que se ha convertido en espectáculo y en un negocio con gran rentabilidad. Es así porque todo deportista que consigue alcanzar las primeras divisiones del deporte profesional, lo hace a los 18-19 años, incluso antes, lo que quiere decir que su preparación y formación deportiva con vistas a la profesionalización se ha producido siendo menor de edad.

La realidad es que dicha preparación y enfoque hacia la profesionalización (tener un agente o representante…) comienza cada vez antes, es decir, siendo menores, de ahí que, por ejemplo, la FIFA haya rebajado a diez años la edad a partir de la cual se exigirá el certificado de transferencia internacional (CTI)

Podemos decir que a edades cada vez más tempranas, ya sea la familia, o cualquiera que vea algún talento en el menor, inician estas actividades de profesionalización más allá de la mera actividad deportiva de jugar a fútbol.

A lo largo de estos años hemos visto cómo este menor deportista se ha visto envuelto en un ambiente difícil, en un sector profesionalizado y adulto y cómo se ve involucrado en uno de los negocios más importantes a nivel mundial, que genera millones de beneficios cada año, negocio en el que el menor deportista es la clave fundamental para que dicho negocio funcione. Prueba de ello es la gran cantidad de ojeadores de los clubes más importantes del mundo que han seguido el Mundial sub-17 en búsqueda de nuevos talentos.

Un negocio de esta envergadura da lugar a muchas situaciones no queridas, abusos y tráfico de niños de países en desarrollo con tal de conseguir esa perla que valga millones de euros.

Ahora que hemos tomado consciencia de la situación, me gustaría hacer un breve resumen del origen de la Norma FIFA que todos conocemos, con el fin de situarnos en el escenario que ha dado lugar a la norma que hoy tenemos y podamos reflexionar sobre si realmente cumple con el objetivo de proteger al menor deportista (artículo 19 del Reglamento sobre el Estatuto y transferencia de Jugadores 2001).

En el año 2001, la responsable de deporte en la Comisión Europea, Viviane Reding, después de negociaciones con UEFA y FIFA, acordó fijar la edad mínima de 18 años para que un futbolista pueda ser objeto de un traspaso internacional.

La Comisaria habla en una entrevista al diario El País y resume la situación de la siguiente manera: «Algunos clubes tratan a los jóvenes como esclavos, no como seres humanos».

Esta norma supone una simple prohibición para entorpecer el tráfico de niños, sin embargo, no ordena ni gestiona todo el proceso de profesionalización que se produce antes de los 18 años; por este motivo creo que siguen existiendo desequilibrios entre los diferentes actores del negocio del fútbol que hacen que el menor se convierta en un producto y que su sueño de ser deportista se vea truncado.

Y más allá de esto ¿estamos dando cumplimiento al artículo 12 de la Convención de los Derechos del Niño?, ¿estamos garantizando la protección y desarrollo del menor deportista?

La solución que planteo contempla la situación del menor que está bajo la tutela de una entidad deportiva que invierte dinero y recursos para su formación deportiva con la esperanza de que se convierta en deportista profesional con el consiguiente beneficio económico a futuro.

También contemplo que ese menor suele tener que lidiar con la presión que ejerce la familia para conseguir que alcance el éxito deportivo.

Y, finalmente, también incluyo en la propuesta que aparecerán en escena terceras personas que alimentarán el sueño del jugador para obtener beneficios económicos y satisfacer intereses propios.

Cada niño debe contar con las herramientas necesarias para participar plenamente en la vida en sociedad de la que forma parte.

Por esto hemos creado una caja imaginaria que contiene las herramientas necesarias para el desarrollo del menor que le garantiza y ayuda a hacer valer sus derechos.

Estas herramientas permitirán:

a) Limitar el poder de terceras personas sobre los intereses y decisiones de futuro del menor deportista.

b) El club dispondrá de mayor control de la carrera deportiva del menor y un mejor rendimiento de los recursos invertidos en la formación deportiva.

c) Permiten una mayor protección del menor, que gozará de la oportunidad de disponer de un futuro e integración en la sociedad tanto si se cumple su sueño de ser deportista de élite como si decide o debe decidirse a hacerlo en otro ámbito.

Una de las herramientas es el programa de mentoría, que tiene como objetivo lograr el desarrollo integral (económico, espiritual, intelectual y formativo, tanto deportivo como extradeportivo) del joven deportista.

¿Qué es un Mentor? Esta figura es una persona que acompañará al jugador en su carrera deportiva, generando con él una relación de confianza, un espacio de comunicación y hará de guía durante el tiempo que sea necesario.

El mentor tiene experiencia en diferentes ámbitos y su visión global le permite asistir en diferentes áreas ya sean técnicas o personales al jugador.

Este mentor se convierte en una persona con mucha influencia sobre el jugador. Por ese motivo el mentor es una persona que está fuera de la estructura jerárquica-institucional o de la familia. Desde su conocimiento y objetividad va a contribuir a la potenciación del joven deportista. El lugar desde el que actúa el mentor no es un lugar de poder sino más bien de autoridad. No tiene un interés económico en que el menor cumpla su sueño de ser deportista de élite.

El mentor proporciona al joven deportista muchas más herramientas y capacidades para poder gestionar a periodistas, patrocinadores, directivos de clubes, aficionados, representantes, familia…, todos adultos, algunos con gran experiencia y conocimientos en su campo y otros como la historia lo ha demostrado carentes del rigor ético y respeto hacía el joven deportista.

Esta herramienta:

1.º Crea un entorno seguro, de confianza donde el jugador pueda abrirse y expresar sus emociones, sentimientos… que por temor no suelen comunicarlo en el entorno del club.

2.º Ayuda a comunicarse y superar retos, así como a consolidar su autoestima, sus niveles éticos, de asertividad y auto confianza, y su capacidad de resiliencia y creatividad.

3.º Se reduce el impacto de terceras personas, con intereses económicos propios sobre el futuro del menor.

4.º Mejora el desarrollo integral de la persona. El menor tendrá más potencial para centrarse en su desarrollo deportivo y no se verá superado por el cúmulo de emociones y situaciones que se generan a su alrededor.

La figura del mentor cumple con el marco legal propuesto en diferentes convenciones y declaraciones sobre los derechos del menor.

Declaración de los Derechos del Niño 1924: 1. «El niño debe ser puesto en condiciones de realizar normalmente su desarrollo físico y espiritual»; 4. «El niño debe ser puesto en condiciones de ganar la subsistencia y de ser protegido contra toda clase de explotación».

Declaración de los Derechos del Niño 1959: Preámbulo: «Considerando que el niño, por su falta de madurez física y mental, necesita protección y cuidado especiales, incluso la debida protección legal, tanto antes como después del nacimiento (...). La Asamblea General (…) insta a los padres, a los hombres y mujeres individualmente y a las organizaciones particulares, autoridades locales y gobiernos nacionales a que reconozcan esos derechos y luchen por su observancia con medidas legislativas y de otra índole adoptadas».

Convención de los Derechos del Niño 1989: Artículo 4: «Los Estados Parte adoptarán todas las medidas administrativas, legislativas y de otra índole para dar efectividad a los derechos reconocidos en la presente Convención. En lo que respecta a los derechos económicos, sociales y culturales, los Estados Parte adoptarán esas medidas hasta el máximo de los recursos de que dispongan y, cuando sea necesario, dentro del marco de la cooperación internacional».

Artículo 5: «Los Estados Parte respetarán las responsabilidades, los derechos y los deberes de los padres o, en su caso, de los miembros de la familia ampliada o de la comunidad, según establezca la costumbre local, de los tutores u otras personas encargadas legalmente del niño de impartirle, en consonancia con la evolución de sus facultades, dirección y orientación apropiadas para que el niño ejerza los derechos reconocidos en la presente Convención».

Artículo 12: «Los Estados Parte garantizarán al niño, que esté en condiciones de formarse un juicio propio, el derecho de expresar su opinión libremente en todos los asuntos que afectan al niño, teniéndose debidamente en cuenta las opiniones del niño en función de la edad y la madurez del niño».

Carta Internacional de la Educación Física y el Deporte (UNESCO), París año 1978.

Artículo 2: «1.La educación física y el deporte constituyen un elemento esencial de la educación permanente dentro del sistema global de educación.

2. La educación física y el deporte, dimensiones esenciales de la educación y de la cultura, deben desarrollar las aptitudes, la voluntad y el dominio de sí mismo de cada ser humano y favorecer su plena integración en la sociedad. Se ha de asegurar la continuidad de la actividad física y de la práctica deportiva durante toda la vida, por medio de una educación global, permanente y democratizada».

Declaración de Niza (2000). 12: «El Consejo Europeo destaca los beneficios de la práctica deportiva para los jóvenes y reitera la necesidad de que las organizaciones deportivas, en particular, presten una atención especial a la educación y a la formación profesional de los jóvenes deportistas de alto nivel, de modo que su inserción profesional no se vea comprometida por causa de sus carreras deportivas, a su equilibrio psicológico y sus lazos familiares, así como a su salud, concretamente a la prevención contra el dopaje».

Declaración de Berlín. Comisión I. El acceso al deporte como derecho fundamental para todos. Artículo 1.26.b). Con el fin de que se incluyan programas de mentoría.

Las palabras de Agassi, son una muestra de cómo la figura del mentor es necesaria en la vida del joven deportista para aprender a gestionar su carrera deportiva y personal.

 «Yo no me he transformado, sino que me he formado. Cuando entré en el mundo del tenis, era como la mayoría de los críos: no sabía quién era y me rebelaba cuando los mayores me decían quién era. Creo que los mayores cometen constantemente ese error con los jóvenes: los tratan como productos acabados cuando, de hecho, están en proceso»[1].

Actualmente existen muchas leyes que establecen las bases para conseguir el desarrollo integral de los jóvenes deportistas, pero de las personas implicadas en el mundo del deporte depende pasar a la acción para conseguir dar forma y poner al alcance de los menores deportistas las herramientas para conseguir que se integren y aporten valor a la sociedad ya sea como deportistas o desde otro ámbito.

 

© AEDD 2020

 

Mónica García Solanas
Abogada

 

 

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[1] André Agassi, Open, Duomo Ediciones; pp. 98-454.

 

Este trabajo tiene su origen en la intervención de su autora en la mesa redonda que, bajo el título «El menor y la ética del deporte», tuvo lugar en el XV Congreso de la Asociación Española de Derecho Deportivo, celebrado en Zaragoza los días 15 y 16 de noviembre de 2019.

 

 

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