Régimen jurídico del dopaje animal en España: la ley pendiente

             La primera vez que se definió el término doping fue en un diccionario ingles en el año 1889, que lo definía como «uso de sustancias ilegales en carreras de caballos».

            Quizás situar la primera definición de este término en Inglaterra no es casualidad y menos que sea aplicado a equinos. Recordemos que Inglaterra es la cuna de muchos de los deportes más populares a nivel mundial que existen hoy en día.

            Digo esto porque si en Inglaterra algo es tradicional son las carreras de caballos, con todo lo que conlleva. Durante la época estival del calendario, aparte de disputarse el emblemático torneo de tenis de Wimbledom, el British Open de golf o este 2017 la gira de los Lions por Nueva Zelanda. A escasas seis millas del castillo de Windsor se celebró el Royal Ascot, que tuvo lugar del martes 20 de junio al sábado 24 de junio de 2017, en el que el día más importante de las carreras es la Copa de Oro, que como cada año es el jueves, también conocido como The Ladies Day. Más de 300.000 personas asistieron a esta competición, lo que la convierte en una de las más animadas de la vieja Europa. En esta elitista competición, siempre presidida por la Reina Isabel II, entre las llamativas pamelas de las señoras y sus elegantes acompañantes, los verdaderos protagonistas son los caballos.

            En el 2014 uno de los sucesos que más trascendencia tuvo en Inglaterra fue el protagonizado por la yegua de la Reina Isabel II de Inglaterra Estimate. El British Horseracing Authority (BHA), autoridad que regula las carreras de caballos en el Reino Unido, descalificó a la yegua por haber dado positivo en la prestigiosa carrera de la Ascot Gold Cup. La sustancia prohibida suministrada era morfina, sustancia que no tiene el potencial de mejorar el rendimiento deportivo, pero que si podría suponer un riesgo real para la salud del equino al quitarle sensibilidad de cualquier dolor o dolencia que tuviera y así poder correr sin posibles limitaciones.

            Este fenómeno, que ya existía en la Inglaterra de 1889, no ha sido aislado. También ha venido sucediendo en España. Aquí el dopaje animal también ha protagonizado curiosas noticias, como la que sufría una yunta de bueyes en la exhibición de arrastre de piedras en las fiestas de Erandio, municipio vizcaíno en los Herri Kirolak.

            Esta pareja de bueyes, cuando les llegó su turno, parecían tener la mirada perdida. Pero con la señal de salida y el consiguiente espoleo del yuntero, comenzaron el arrastre de los bloques de hormigón haciendo una demostración de fuerza hercúlea, como si costase poco mover semejante piedra. Pocos minutos más tarde se derrumbaban de golpe, como si cayeran dos torres. En un primer momento, todo fue silencio pero no tardaron en aparecer los cuchicheos y rumorología.

            Se hablaba de lo que muchos de los habituales a estas pruebas sospechaban. Tampoco debió ayudar ver la resistencia a que el veterinario de la Diputación tomara una muestra de sangre a los animales o incluso que acudieran otros veterinarios para analizar el suceso. Poco tiempo después de desplomarse, esta pareja de bueyes morían; al parecer, la causa fue que su corazón reventó. Las sustancias suministradas, con el fin de mejorar su rendimiento deportivo, les hizo morir. El titular de la noticia rezaba «Bueyes vascos con Speed. En Erandio dos bueyes murieron por “doping” el pasado mes de agosto» (Mikel Segovia, El Mundo, 21 de septiembre de 2014).

            Ya sea en Inglaterra o en España, con caballos o con bueyes, los animales no se libran de esta lacra que supone la adulteración de la competición, y que pone en juego la vida de los animales.

            La breve normativa que establece la Agencia Mundial Antidopaje para regular el dopaje animal se reduce a un solo artículo en el Código Mundial Antidopaje de 2015, en el que deja en manos de la Federaciones Internacionales establecer y aplicar las normativas antidopaje, así como la determinación de las infracciones.

            En efecto, el artículo 16, que lleva por rúbrica Control del dopaje de los animales que participen en competiciones deportivas, consta de dos apartados:

            El primero de ellos establece que, «en todos los deportes en los que los animales participen en la competición, la Federación Internacional del deporte en cuestión deberá establecer y aplicar normas antidopaje para los animales participantes. Las normas antidopaje deberán comprender una lista de prohibiciones, los procedimientos de control adoptados y una lista de laboratorios autorizados a realizar análisis de muestras».

            El segundo determina que, «en lo que respecta a la determinación de las infracciones de normas antidopaje, la gestión de resultados, la celebración de audiencias justas y sus consecuencias, así como los recursos en relación a los animales que participen en el deporte, corresponderá a la Federación Internacional del deporte en cuestión el establecimiento y la aplicación de normas que sean conformes en su conjunto a los artículos 1, 2, 3, 9, 10, 11,13 y 17 del Código.

            En cuanto a la normativa estatal, sobre el dopaje animal, la Ley Orgánica 3/2013, de 20 de junio de 2013, de protección de la salud del deportista y la lucha contra el dopaje en la actividad deportiva, contiene el siguiente mandato, en el apartado cuarto de la disposición final tercera:

«En el plazo de seis meses a contar desde la entrada en vigor de la presente Ley, el Gobierno deberá presentar un proyecto de Ley de lucha contra el dopaje animal».

            Se ha cumplido este plazo y todavía no tenemos el proyecto de Ley de lucha contra el dopaje animal. Esta actuación se enmarca en la gestión de resultados, que establece la normativa Antidopaje Internacional.

            Actualmente, la competencia para sancionar las infracciones cometidas por dopaje la posee la Agencia Española de Protección de la Salud en el Deporte (AEPSAD). La Agencia trabaja con la Real Federación Hípica Española (RFHE) y con la Federación Española de Galgos (FEG).

            Estas Federaciones son las que se encargan de realizar sus propios controles antidopaje, para posteriormente enviar el resultado analítico adverso a la Agencia Española de Protección de la Salud en el Deporte o poner en su conocimiento los incumplimientos de la normativa antidopaje que han detectado.

      El Real Decreto 255/1996, de 16 de febrero, por el que se establece el Régimen de Infracciones y Sanciones para la Represión del Dopaje, vigente para las concernientes a animales, tipifica como infracción la administración o utilización de sustancias prohibidas en animales destinados a la práctica deportiva.

           A la espera de la Ley de lucha contra el dopaje animal, la normativa en España recoge esta infracción que, como decimos, está tipificada en el artículo 1.e) del Real Decreto 255/1996, de 16 de febrero, con el siguiente tenor literal:

«Se consideraran como infracciones muy graves a la disciplina deportiva las siguientes: e) La administración o utilización de sustancias o prácticas prohibidas en animales destinados a la práctica deportiva».

            En el artículo 4 del citado Real Decreto 255/1996 se recoge la sanción legal prevista por la comisión de dichas infracciones previstas en el apartado e) del artículo 1. Se sancionaran con multas de 300,05 euros a 6.010,12 euros, así como la privación o suspensión de licencia federativa, o habilitación equivalente, durante un período de seis meses a cuatro años.

            La Ley Orgánica 3/2013, de 20 de junio, de protección de la salud del deportista y lucha contra el dopaje en la actividad deportiva, en su artículo 4, establece la obligación del Consejo Superior de Deportes de publicar en el Boletín Oficial del Estado, mediante Resolución de su Presidencia, la lista de sustancias y métodos prohibidos en el deporte.

            En desarrollo del régimen sancionador previsto en la parte vigente del Real Decreto 255/1996, la Presidencia del Consejo Superior de Deportes aprobó la lista de sustancias y métodos prohibidos en lo concerniente al dopaje animal mediante Resolución de 20 de diciembre de 2013 que vienen recogidos en los Anexos II y III:

            Anexo II- Sustancias y métodos prohibidos en galgos

            Anexo III- Sustancias y procedimientos prohibidos en competiciones hípicas.

            Para la detección de estas sustancias recurrimos al análisis de las muestras fisiológicas de estos animales, se podrá tomar muestreo de orina y/o sangre. Estos fluidos corporales deberán de ser tomados por veterinarios acreditados para la recogida o toma de las muestras. En galgos hablamos de veterinario de recogida de muestras mientras que en hípica se le llama veterinario toma de muestras (VTM).

            Hay que hacer especial referencia a los Laboratorios de Control de Dopaje (LCD). Para la Real Federación Hípica Española los laboratorios deberán tener acreditación internacional de la Agencia Mundial Antidopaje así como también deberán estar aprobados u homologados por el Estado. Igualmente podrán analizar estas muestras los homologados y autorizados por la Federación Ecuestre Internacionales (FEI) (articulo 1021 del Reglamento Veterinario). Paralelamente para la Federación Española de Galgos los laboratorios deberán ser laboratorios estatales y homologados por el Estado (artículo 19 del Reglamento de Control Antidoping FEG).

            Como estamos viendo, no hay una normativa unitaria en materia de dopaje animal: cada federación tiene unas normas en esta materia. Mientras que en lo relativo a la competición de galgos debemos estar a lo dispuesto en el Reglamento de Control Antidopaje de la Federación Española de Galgos, en cuanto a la Real Federación Hípica Española tenemos que referirnos al Reglamento Disciplinario de esta federación y a su Reglamento Veterinario siempre bajo el sistema antidopaje de la Federación Ecuestre Internacional (FEI). Por ejemplo, para determinar la conducta sancionable:

            ▪ En Hípica, según el artículo 59 del Reglamento de Disciplina de la Real Federación Hípica Española en cuanto al dopaje de caballos dice:

           «1. Se considera dopaje de caballos el uso, administración y empleo de prácticas, sustancias o métodos expresamente prohibidos.

           2. En caso de dopaje será responsable a todos los efectos el participante que monte o conduzca el caballo de que se trate. Por ello, es requisito necesario para obtener la licencia deportiva nacional para jinetes menores de edad, una autorización de quien tenga la patria potestad en la que de modo expreso conozca y autorice este extremo. La persona responsable sólo deberá responder de toda acción realizada por ella misma o por cualquier otra persona autorizada para ello, tanto en las cuadras como mientras se monta, entrena o conduce el caballo».

          ▪ En Galgos, el Reglamento de control antidopaje de la Federación Española de Galgos, establece que el responsable a efectos de infracción por dopaje será el propietario del galgo (deportistas con licencia para participar en competiciones oficiales de ámbito estatal).

            El Gobierno de España tendrá que coger el guante que tendió la Ley Orgánica 3/2013, en la disposición final 3.ª, en su punto cuatro y aprobar la Ley de lucha contra el dopaje animal.

            Una Ley que atienda y armonice las diferentes especificidades que tienen las normativas antidopaje en Animales, que atienda a lo que es común a estas y lo que es realmente importante, el animal.

            Un animal que por sus propios medios no puede acceder a ninguna sustancia, ni a ningún método de los que aparecen recogidos en los Anexos de la Resolución de 20 de diciembre de 2013. A los animales se les aplican sustancias prohibidas con el fin de adulterar una competición que debería ser modelo de transparencia y naturalidad. Pues lo que se valora en estas competiciones es el vínculo del animal con la persona.

            El compromiso de rechazo de estas prácticas debe ser al unísono, debemos concienciarnos de la vileza de este tipo de conductas que manchan el deporte y el noble hacer de los animales, sujetos indispensables para estas prácticas deportivas. Debemos concienciarnos que el lazo entre animal y persona en estos deportes debe estar asentado en la norma, una norma común para todos y una actuación sin trampas.


Francisco Blanco Alonso
Agencia Española de Protección de la Salud en el Deporte


 

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