«Ícaro» y el programa ruso de dopaje sistemático

El pasado 4 de agosto la plataforma digital Netflix estrenaba Ícaro, un documental protagonizado por su propio director, el norteamericano Bryan Fogel, ciclista amateur, interesado en poner de manifiesto la debilidad del sistema antidopaje.

El proyecto inicial era sencillo: encontrar un experto que le diseñase un plan de dopaje que no fuese detectado por medio de controles. Nada nuevo, sino fuera porque el experto que se presta a participar en tal proyecto no es otro que Grigory Rodchenkov, director del laboratorio de control de dopaje de Moscú, el tercer laboratorio más grande del mundo.

Y es Rodchenkov quien convierte el documental en thriller. Rusia estaba bajo investigación por la Agencia Mundial Antidopaje por dopaje sistemático en su atletismo, y estas investigaciones apuntaban a Rodchenkov como responsable del sistema de dopaje de los atletas rusos y de su ocultación. Rusia niega las acusaciones que señalan a las más altas esferas de su deporte. Dos antiguos responsables de la agencia antidopaje rusa fallecen de forma repentina en el espacio de dos semanas. Rodchenkov teme por su seguridad y Fogel le ayuda a escapar a Estados Unidos en donde desvelará el sistema de dopaje establecido en Rusia para los Juegos Olímpicos de Invierno de 2014 celebrados en Sochi y que él mismo había diseñado.

El servicio secreto, el Ministerio de deportes y hasta el propio presidente ruso Vladimir Putin se ven implicados en el relato de hechos de Rodchenkov, a quien el FBI incluye dentro del programa de protección de testigos en Estados Unidos, mientras su familia, todavía en Rusia, sufre el hostigamiento de las autoridades rusas a la vez que les retiran sus pasaportes.

Y es Rodchenkov, con sus luces y sus sombras, quien explica el auténtico significado del deporte cuando es manejado políticamente. Antes de Sochi, la popularidad de Putin en Rusia se encontraba bajo mínimos. Después del éxito ruso en Sochi, la popularidad de Putin alcanzaba máximos históricos. Rodchenkov era el cerebro del sistema de dopaje ruso y de su ocultación en Sochi, al mismo tiempo que director del laboratorio de Moscú y del propio laboratorio satélite establecido en Sochi exclusivamente para esos Juegos.

Por tanto, Rodchenkov era el auténtico artífice en la sombra de ese éxito y es él quien analiza las consecuencias de sus propias acciones: «Me sentí responsable de la invasión a Ucrania. Si Rusia hubiese ganado menos medallas Putin no hubiese sido tan agresivo».

Bryan Fogel intercala a lo largo de su relato continuas referencias a la novela 1984 de George Orwell, de especial significado para Rodchenkov. Fogel asocia de esta forma los mecanismos del doble pensamiento de la novela al deporte actual. Y es que Ícaro muestra las debilidades del sistema antidopaje actual, las cuales no parecen ser las que Fogel se había planteado al inicio de su proyecto.

El dopaje no es un problema sólo de salud o un complejo desafío científico o una intrincada cuestión legal. Las debilidades del sistema antidopaje no son las limitaciones de las técnicas de análisis. Las debilidades del sistema antidopaje o de cualquier otra política de integridad en el deporte radican en quienes regulan y gestionan un deporte al que se asocian determinados valores, mientras que utilizan su evidente influencia social como una forma de ejercer el poder político o económico en beneficio propio.

 

Enrique Gómez Bastida
Ex Director de la Agencia Española de
Protección de la Salud en el Deporte

[Publicado en La Voz de Galicia del 12 de septiembre de 2017]

 

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