Una política deportiva sin norte

Analizamos con interés el llamado Plan de recuperación, transformación y resiliencia, documento elaborado por el Gobierno de España para conocer el tratamiento que se prevé para el deporte. Sabemos que no resulta fácil, primero por la diversidad de realidades que se recogen bajo el paraguas del «deporte» y, también, por la distribución competencial y las funciones asignadas en materia deportiva a la Administración General del Estado, Comunidades Autónomas y Entidades locales.

Se habla de «Impulso de la industria de la cultura y el deporte» y, en el reparto porcentual de los fondos provenientes de la Unión Europea para políticas palanca durante los próximos tres años, el menor porcentaje se aplica a la industria de la cultura y el deporte que supone el 1,1%. En primer lugar, hablar de «industria del deporte» significa dejar fuera una parte del sistema deportivo. También debemos decir que nunca fue de nuestro agrado que la gestión pública del deporte, en cualquiera de los ámbitos territoriales, compartiera departamento o marco político con la cultura, pues la experiencia revela que en el reparto de recursos siempre el deporte ha salido perdiendo. Y ahora nos queda la duda de cómo se promediará el dinero que corresponda, entre «cultura» y «deporte».

El documento reconoce los perjuicios del deporte cuando señala que «…ha sufrido muy directamente las consecuencias devastadoras de la emergencia sanitaria». Y se apuesta por una política deportiva en el epígrafe de «Fomento del sector del deporte», a través de encuentros empresariales, organización de grandes acontecimientos, fomento del turismo deportivo, desarrollo de infraestructuras deportivas seguras y sostenibles, impulso a la transformación digital, promoción de la investigación y el desarrollo de un plan de modernización de infraestructuras deportivas. Un revoltijo de acciones dónde hay olvidos significativos, además de ignorar la necesidad y urgencia de una reordenación jurídica del deporte. No entendemos que las políticas señaladas puedan desarrollarse en el marco de una ley del deporte del siglo pasado, aprobada en 1990 y, por decirlo de forma jocosa, más retocada que un pasamanos.

(Publicado en la revista Deportistas, núm. 89, p. 31).

Eduardo Blanco Pereira
Presidente de la Federación de Asociaciones de Gestión del Deporte de España

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