La viabilidad de la Superliga Europea de fútbol

Ignacio Jiménez Soto

Catedrático de Derecho Administrativo

Director de la Cátedra de Derecho del Deporte

(Universidad de Granada)

La reciente noticia de la posible creación por parte de doce entidades de fútbol profesional –seis inglesas, tres italianas y tres españolas– de una nueva estructura deportiva a nivel europeo, como máxima competición continental, no solo ha convulsionado el mundo balompédico, sino también el social, económico y por supuesto político. Se sea o no aficionado a este deporte, practicante o aficionado a su consumo, la noticia no ha dejado a nadie indiferente, sobre todo por las aristas que estaba dejando en su posible andadura para conseguir la ansiada meta, como es la de ofrecer un espectáculo que garantice mayores beneficios, se estiman en más de un tercio de los actuales, a sus protagonistas.

Hasta tal punto ha sido el rechazo social que, en el momento de escribir estas líneas, tan solo dos clubes, el Real Madrid y Barcelona FC, mantienen, con el consiguiente desprestigio social, una idea que tanta insolidaridad destila en el deporte europeo, con la mente puesta en que siempre se puede llegar con esfuerzo y sacrificio.

En un análisis del proyecto, utilizando el símil deportivo, esto es, a bote pronto, hemos de preguntarnos por la viabilidad jurídica del mismo: ¿es posible una Superliga de Fútbol Europea?, lo cual nos conduce a visualizar los dos sistemas principales de deporte profesional existente en el mundo a día de hoy:

Por un lado, el sistema antitrust, de Estados Unidos, es decir antimonoplista, reconocido a través de las diferentes ligas (comerciales, universitarias…) y por supuesto las ligas nacionales profesionales: baloncesto, béisbol, hockey hielo, fútbol americano, etc., cuyos principales signos de identidad, entre otros, son: nula intervención de la Administración ante la prevalencia de Derecho privado, sistema de pertenencia a través de una franquicia, competición cerrada sin ascensos ni descensos, fuerte control y determinación financiera que impide los déficit presupuestarios... El sistema permite un espectáculo muy consolidado perfectamente aceptado por sus seguidores.

Por otro, el sistema que vamos a llamar federado o de monopolio, donde los clubes deportivos se estructuran jerárquicamente, en torno a unas asociaciones de segundo grado, que generalmente se denominan federaciones, constituyendo una estructura piramidal de arriba hacia abajo, siendo este modelo el apoyado por la mayoría de los Estados, donde las entidades deportivas reciben la tutela de la Administración, mediante la autorización de su constitución y aprobación de estatutos (art. 8.º Ley 10/90 del Deporte, LD); le permiten a una federación organizar las competiciones oficiales de ámbito estatal [33.1.a) LD], por lo que para ello solo puede existir una federación española reconocida en cada modalidad deportiva (34.1 LD); correspondiendo a la Administración, en el caso de España el Consejo Superior de Deportes, autorizar su inscripción en la correspondiente federación deportiva internacional (34.3 LD). Federaciones deportivas internacionales que según la Carta Olímpica (norma 1.3) forman parte del Movimiento Olímpico, tan influyente en el deporte mundial que no estará de acuerdo con la pretensión de los proponentes, por lo que puede afectar a los valores olímpicos del deporte que se desplacen por los de los negocios, para crear nuevas estructuras.

Este modelo también funciona muy bien, a diferencia del norteamericano, está en los genes de nuestra cultura, desde que un niño empieza a practicar deporte, como es la ilusión de llegar a lo más alto de la competición, pues el desafío es abierto con sus ascensos y descensos; sirvan como ejemplos los casos del Éibar, municipio con 28.000 habitantes, o del Villareal, con sus 50.000 de población, que están en la primera división española, porque es abierta, imposible si hubiera sido cerrada precisamente por su potencial como localidad.

Con este breve análisis entendemos que, de acuerdo con el Derecho Europeo de la Competencia, no debe existir problema alguno, a que se pueda constituir una Superliga de Fútbol, cerrada, como una entidad privada-mercantil, al margen de las federaciones deportivas nacionales, lo que los excluye de las internacionales, por supuesto del Movimiento Olímpico; estaríamos entonces, hablando de una empresa de espectáculos que organiza competiciones deportivas no oficiales, algo no inusual en la actividad deportiva, por ejemplo del motor, del atletismo o de la nieve.

Otra cosa muy distinta es lo que pretendían los promotores, que es una figura hibrida: que sea cerrada en lo que a ellos les interesa, regulada y reglamentada por sus integrantes; y, abierta en lo federativo, para participar en ambas competiciones.

Tal postura, hemos visto que ha sido fuertemente rechazada incluso con manifestaciones por aficionados en algunos países, al igual que por numerosos políticos (Macron, Boris Jhonson), pero sobre todo por los responsables federativos (UEFA, Francia, Alemania…), éstos últimos, como responsables de entidad privada deportiva, rechazan de manera frontal la «idea» por lo que supone de romper la par conditio o igualdad en la competición, en el caso de simultanear ambas competiciones: la cerrada y la federada. Un ejemplo es suficientemente indicativo de la insolidaridad del sistema, si tenemos en cuenta que los afortunados del club obtendrían un tercio más de ganancias sobre las actuales: si el Madrid para el 2020 tiene 822 millones y el Granada para la misma temporada 70 millones; ahora la diferencia, ya de por si abismal, se dispararía a la que provoca 2.466, una grosería en términos presupuestarios.

Por esta razón, la Unión de Federaciones Europeas de Fútbol, como cualquier otra federación deportiva internacional, que se rige a través de un sistema de autonormación, es decir por las propias normas dadas por sus miembros, regula sus intereses a través de estatutos y reglamentos, tiene todo el derecho del mundo a defenderse de quienes los atacan, como en este caso, los valores del fútbol y del deporte europeo, basados en el esfuerzo y el sacrificio, no siendo una medida desorbitada la amenaza de la vía disciplinaria para quienes incumplan las reglas de la entidad que, insistimos, son dadas por ellos mismos.

(Publicado en el Diario Ideal, Granada, del 22 de abril)

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