Los “Ciberatletas” y el debate jurídico-ético sobre el uso de la tecnología en el deporte: ¿Una nueva manifestación de dopaje?

Resulta innegable que el fenómeno del dopaje constituye uno de los asuntos más controvertidos y de candente actualidad en el seno del deporte contemporáneo, llegando a alcanzar, en nuestros días, la categoría de problema global. La relevancia y oportunidad del tema puede apreciarse a la luz de la proliferación de graves y tan sonados casos como el de Lance Armstrong, a nivel internacional, o en un ámbito más nacional, la enorme polémica suscitada en torno a las tan divulgadas Operación Puerto y Operación Galgo.

Estas premisas, nos llevan a concebir al dopaje, como un tema apasionante, con un gran potencial social e impacto. Sin duda, un reto jurídico de gran envergadura, en la medida en que este estado de cosas va a tener una influencia decisiva en el Derecho.

Y es que al margen de estos clásico y (un tanto rudimentarios) mecanismos de dopaje —que consistían, esencialmente, en la tradicional ingesta de sustancias farmacológicas prohibidas—, observamos que el Derecho se ha de enfrentar a una problemática aún más compleja debido: por un lado, a las nuevas y más sofisticadas técnicas de dopaje (tales como el dopaje genético, los cyborgdeportistas o el recurso a las modernas técnicas de la biónica y de la cibernética, que nos recuerdan el caso de Pistorius). Pero por otro lado: al Derecho también se le plantean cuestiones respecto de los modernos mecanismos elaborados para el control y detección de las conductas de dopaje. Todo ello desarrollado en el marco de la Biotecnología del siglo XXI.

En efecto, en la actualidad, y en relación con las distintas clases o tipologías de dopaje en el ámbito deportivo, es notable la difusión que actualmente está teniendo un tipo de dopaje que involucra a los denominados “ciberdeportistas” en el seno de los llamados “eSports” (término en inglés electronic sports o deporte electrónico) que se aplica a todos los videojuegos que se practican de manera competitiva. Se trata de eventos que se llevan a cabo a lo largo de todo el mundo e incluyen variados géneros y competencias, desde juegos de peleas hasta títulos de estrategia o simuladores deportivos.

No hay duda de que estamos ante un claro ejemplo de la propagación de las nuevas tecnologías en el campo deportivo, habida cuenta los eSports han tenido un gran auge durante los últimos años gracias a la masificación de las competiciones a través de internet.

Tal como en el deporte tradicional de alto rendimiento, hoy en día los videojugadores y equipos profesionales están inmersos en una industria muy competitiva y exigente. El plan organizacional de los clanes más destacados es de primer nivel, donde la relación con patrocinadores es tema promordial. De la misma manera, sus jugadores reciben un trato acorde a su condición de deportistas electrónicos de elite, contando con espacios de entrenamiento equipados con todas las comodidades. La enorme popularidad de los eSports ha abierto el debate, generando una nueva discusión: ¿es correcto considerar a los videojugadores profesionales como deportistas? La comunidad parece algo polarizada al respecto, aunque disciplinas como el ajedrez sientan un precedente a la hora de desmarcar los deportes como una actividad exclusivamente física. Y de considerarse, ¿podemos calificar como dopaje deportivo al empleo —y dicho sea de paso cada vez más frecuente—de uso de sustancias estimulantes?

A la vista de la gravedad de la situación, la Electronic Sports League (ESL) se ha puesto manos a la obra con un grupo de expertos para poner freno a esta problemática. A tal fin, la ESL ha publicado un reglamento que incluye una lista de sustancias prohibidas. Para controlar el uso ilegal de estas drogas se harán pruebas de saliva y test de piel, tratando de ser lo menos invasivas posible y manteniendo por supuesto, la privacidad de los jugadores. Para ello se ha planeado crear una zona alejada de la competición para tal efecto. Los jugadores que estén tomando alguna de las sustancias prohibidas por prescripción médica deberán aportar las pruebas suficientes con anterioridad a las competiciones. Han anunciado que no habrá penalización retroactiva, pero los jugadores que sean descubiertos a partir de ahora serán sancionados con medidas tales como reducción de las ganancias, deducción de puntos, descalificación del torneo, y hasta dos años de sanción sin poder inscribirse en los torneos de la mencionada liga deportiva. Como podemos apreciar, el paralelismo con los mecanismos frente al dopaje en los deportes “convencionales” es claro.

¿Estamos ante una nueva manifestación de dopaje en el campo deportivo?¿estos mecanismos son jurídica y éticamente aceptables en el contexto deportivo? y de ser así, ¿dónde hemos de situar la línea divisoria entre lo que es legal y lo que no lo es? En otras palabras, ¿cuál debería ser el criterio para la evaluación jurídico-ética de estos tratamientos? Éstas son preguntas que no tienen respuestas unívocas, pero respecto de las cuales es posible encontrar ciertos caminos de abordaje.

 
Elena Atienza Macías
Doctora en Derecho
Investigadora en la Universidad de Deusto


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