Regalos, obsequios e imparcialidad arbitral

En los últimos días ha salido a la palestra un tema discutible en relación a la actividad arbitral (a propósito del fútbol y de regalos que se han entregado por parte de clubes o equipos deportivos a los árbitros), y los cuestionamientos radican en que debe tratarse de un estamento que mantenga la correcta imparcialidad y honorabilidad que lo caracteriza, pues de lo contrario podemos encontrarnos frente a conductas que pudiesen ser incluso delictivas.

Una actividad social tan importante como lo es el deporte significa que con el transcurso del tiempo se desarrollan cada vez más diversas disciplinas que cuentan con organismos y reglamentos, los cuales sirven para obtener un correcto funcionamiento y estructuración de un sistema totalmente cohesionado. Esto significa que nos encontramos ante un fenómeno social que ha evolucionado y está presente en muchas partes del planeta, con practicantes de todas las edades en múltiples deportes.

Pero cada deporte requiere de una delimitación estricta y precisa mediante reglas que deben ser establecidas y conocidas por sus participantes, lo cual significa saber qué se permite hacer –y qué no– por ejemplo, en un determinado juego o deporte por sus participantes. Pero se necesita de personas que hagan cumplir esas reglas de manera objetiva y ajustándose estrictamente a lo que en ellas se establece para impartir justicia en el encuentro que se disputa. Como nos recuerda J. Rodríguez Ten, ya en los Juegos Olímpicos de la Antigua Grecia, los responsables de hacer cumplir las normas de cada disciplina deportiva gozaban de un reconocido prestigio y una fama de imparcialidad (cfr. Régimen jurídico del arbitraje deportivo, Bosch, 2010).

Para un correcto desarrollo del juego, así como en otros órdenes de la vida, se necesita de una –o varias– personas que sean capaces de impartir justicia de la mejor forma posible y conforme a las normas establecidas en un deporte. Ya hace muchos siglos atrás, el gran Aristóteles, hablaba de la justicia como una virtud que perfecciona al hombre, como un cierto bien o bondad de ser justo, así como es un defecto de los hombres el ser injustos. En esta línea, también Platón se refería a la justicia en su obra La República, como comúnmente se conoce hoy en día, esto es, dar a cada uno lo suyo. Más preciso fue Santo Tomás de Aquino, quien en la Suma Teleológica se refiere a ella como aquél hábito por el cual el hombre le da a cada uno lo que le es propio mediante una voluntad constante y perpetua.

Ahora bien, ¿quién puede dar a cada uno lo suyo? En la esfera deportiva encontramos la necesaria participación de una persona que se encargue de impartir justicia en un juego o partido concreto y dar a cada uno lo suyo; esto recae en la persona del árbitro (o estamento, si son más de uno). De esa manera, el sistema arbitral se torna fundamental para un correcto desarrollo de un evento deportivo, y así por ejemplo, son las propias Reglas de Juego 2016/2017 emitidas por la FIFA, las que señalan en su artículo número 5, que un árbitro es quien tiene la autoridad total para hacer cumplir las Reglas del Juego en dicho encuentro. Más aún, se indica también que sus decisiones serán tomadas según su mejor criterio y siguiendo las Reglas de Juego y el espíritu del mismo.

En este orden, es necesario centrarnos en el desempeño de los árbitros, que son los encargados directamente de desenvolverse en un juego o partido concreto, lo cual muchas veces abarca desde su designación hasta el momento en que se acaba un evento, o bien, cuando se levanta un acta o informe, o cuando se marchan del recinto deportivo donde se haya desarrollado un encuentro. ¿Pero cuáles son algunas de las funciones o características más importantes de un árbitro? Pues principalmente es hacer cumplir el marco normativo generado en el propio deporte de una manera imparcial, honesta y objetiva.

Sin embargo, últimamente se ha cuestionado la objetividad de los árbitros, a propósito de los regalos que algunos clubes de fútbol dan luego de un encuentro deportivo a quienes han impartido justicia. Objetos como banderines, camisetas del equipo, entre otros, pueden interpretarse de diversas maneras, sobre todo porque podrían dar lugar a cuestionamientos respecto a su desempeño y también a una mala imagen.

Si es costumbre dar algún presente o recuerdo del club, equipo o deportista a quienes imparten justicia, es comprensible considerar que si se guardan ciertas precauciones, como por ejemplo, que sean entregados después de haberse disputado el encuentro o de no exhibirlo públicamente, no tendría nada de malo su aceptación, al contrario, sería un estímulo para continuar desempeñándose de la misma forma en la actividad arbitral. La otra opción, sería prohibir cualquier tipo de presente, pues, de todas maneras, los árbitros obtienen beneficios económicos cuando se desempeñan en su labor, sea por medio de viáticos, remuneración por arbitrar, alimentación, etc., por lo que no se justificaría que también haya que darles un obsequio, al menos por parte de los clubes o equipos que disputan algún encuentro.

No se trata, en definitiva, de que un árbitro no pueda equivocarse y cometer errores, pero sí de que sean absolutamente imparciales para que así puedan impartir justicia con absoluta objetividad. En otro caso, estaríamos ante conductas irregulares e, incluso, punibles como cohecho, prevaricación o fraude deportivo. Pero, especialmente en el ámbito profesional, como acontece con todos los jueces, además de ser imparciales, los árbitros deben parecerlo y, en tal sentido, han de ser sumamente restrictivos y prudentes a la hora de admitir regalos y obsequios, que, querámoslo o no, pueden generar dudas en su objetividad, dando lugar al cuestionamiento de su actuación en la toma de decisiones trascendentes en el ejercicio de su función juzgadora.

Silvia I. Verdugo Guzmán
Doctora en Derecho (Universidad de Sevilla)
Árbitro de Combate (Real Federación Española de Taekwondo)

 

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